La democracia es frágil, cuesta mucho de conseguir y muy poco de destruir. No solo se destruye a través de ataques directos (golpes de estado, guerras internas, ...) sino también a través de la pérdida de sus valores.
Es lícito que ciertos países, para evitar la destrucción de la democracia, utilicen herramientas poco garantes del derecho individual a decidirse y defenderse como el derecho al no-voto. Es lícito porque evita que la democracia caiga en desuso y desaparezca. Sin embargo, el daño que crea en el individuo puede no ser visto a largo plazo. Así, los individuos terminan percibiendo dicha obligación al voto como algo inherente a la democracia, consolida en la imagen de los ciudadanos un paralelismo entre obligación al voto y obligación a la sumisión. Este daño es imperceptible y va más lejos que el funcionamiento democrático o social. Es un daño psicológico en el individuo, en el que éste reacciona frente a la democracia como frente a un progenitor que nunca le dejará salirse de las normas. Prohibe la experimentación social desde los individuos, prohibe la evolución democrática desde los individuos, generando (por tanto) entropía y limitando a solo un tipo de posibilidad democrática cautiva. Imagino que aquellos países que obligan al voto tendrán previsto que cada 30 ó 50 años (por ejemplo) la ciudadanía vote volviendo a aceptar dicha obligación, si no es así se crea una endogamia en dicha democracia, se corta la evolución. No digo que no estén más evolucionados que otros, solo que están estancados.
Creo recordar que alguna vez he dicho que la mezcla cultural es la evolución de los pueblos. ¿Existe mezcla cultural en los países? Seguro, la inmigración asegura la mezcla y evolución, asegura la evolución tanto de las culturas internas del país como de las culturas provenientes de otros países. El país evoluciona junto a la identidad cultural. Se beneficia la democracia y se benefician los ciudadanos. En la mezcla está la evolución.
PIRATA aboga por la defensa de los derechos humanos, de todos los ciudadanos. Internamente tenemos democracia, utilizamos parámetros democráticos para trabajar y evolucionamos poco a poco gracias a ello.
Pero tenemos un error de concepto, y deberemos subsanarlo. No es un error conceptual. No es un error estatutario. No es un error individual. No es un error de grupos. Es un error evolutivo.
Basamos nuestras decisiones en el trabajo de los afiliados. Es correcto. Tenemos la figura de simpatizantes para todas aquellas personas que miran nuestro comportamiento sin atreverse a involucrarse en el funcionamiento diario. Es una reacción común en todas las sociedades.
Esta base de conexión social a través de los simpatizantes como primera entrada es primordial para entender el camino por el cual anda la democracia, para saber atender a las necesidades sociales de la democracia.
Y sin embargo, no estamos prestando atención. Eso debe cambiar.
Tenemos el grupo de afiliados que construyen con su esfuerzo de tiempo y dinero el futuro de PIRATA. Y también tenemos el grupo de simpatizantes que pueden decirnos en qué punto estamos, como navegamos y qué rumbo llevamos. Solo desde fuera se puede ver nuestra marcha. Desde dentro tenemos una visión de un solo sentido y sin apenas profundidad. Nos perdemos en la inmensidad.
Debemos utilizar las conexiones externas, los simpatizantes, para saber qué estamos haciendo, en qué estamos fallando, y cuáles deben ser nuestras prioridades.
La construcción de nuestros estatutos es fuerte, nos cuida de perder la fuerza de la democracia y evita que nos entronicemos y dilapidemos a nosotros mismos. Es un bien que debemos cuidar con sumo respeto.
Debemos crear consultas constantes en los simpatizantes, preguntarles qué falla en nuestro sistema, ser críticos con nosotros mismos, activar todos los mecanismos de evolución democrática.
viernes, 24 de septiembre de 2010
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