Democracias y votos
La evolución democrática basa su eficacia en la colaboración mutua de los integrantes de la sociedad. Para ello, la sociedad establece diferentes medios de comunicación en ambos sentidos para poder recrearse continuamente. Cuando alguna de las partes deja de emitir se pierde la conexión y desaparece la colaboración democrática.
Por tanto, cuanta más comunicación entre ambas partes exista más afianzada estará la democracia. Si consideramos una democracia capaz de actuar conjuntamente con los ciudadanos una vez cada cuatro años frente a una capaz de hacerlo una vez a la semana, es indudable que esta última será más democrática y más social que la primera.
Los ciudadanos como integrantes de la democracia son el motor de la democracia, pero, ¿qué pasa cuando el gobierno se inhibe de colaborar con los ciudadanos? ¿qué pasa cuando los ciudadanos se inhiben de colaborar en el gobierno?
Primera pregunta: ¿qué pasa cuando el gobierno se inhibe de colaborar con los ciudadanos?
Se crea una democracia-dictadura. La consecución de los objetivos del gobierno dejan de ser las necesidad de los ciudadanos. El gobierno pierde el objetivo social con el cual nació. Cuando hace consultas ciudadanas intenta poner en compromiso la respuesta, no hacer consultas sencillas para que el ciudadano se vea bloqueado en su decisión y rompa el canal de comunicación. Para un gobierno destruir la comunicación con los ciudadanos representa una ganancia económica.
Segunda pregunta: ¿qué pasa cuando los ciudadanos se inhiben de colaborar en el gobierno?
Primeramente, se pierde el debate social, el gobierno deja de ser objetivo en sus razonamientos y solo percibe el éxito económico de la sociedad como objetivo democrático. Con ello se aleja más del objetivo social inicial de toda democracia. Seguidamente, los ciudadanos (debido a la escasez de conocimiento social desde el gobierno) perciben un retroceso democrático, asisten a una pérdida de libertades y derechos y optan por seguir el camino democrático sin acceso al gobierno. Los ciudadanos cortan la comunicación con el gobierno y actúan al margen de él. Ni siquiera cuando son consultados acceden a responder. Para un ciudadano destruir la comunicación con el gobierno representa una separación de sus capturadores, representa una libertad sin condicionantes.
El derecho al no-voto
Así, vemos que las democracias actuales pierden su eficiencia en el intento de acceso al ciudadano, pero no hay partes negativas, no hay pérdida de beneficios en los gobiernos, al contrario, siempre atribuyen la pérdida de conexión como un problema social y no un problema de gobierno. No ocurre lo mismo en el ciudadano, el ciudadano adquiere en el no-voto el derecho a su libertad, a no sentirse cautivo de un gobierno que no piensa en solucionar problemas básicos para la sociedad y los ciudadanos.
El movimiento PIRATA y el derecho al no-voto.
En PIRATA las cosas se complican, hemos puesto cauces para conseguir que los representantes no corten la conexión con los ciudadanos, hemos considerado que no solo el votante de PIRATA es quien demanda los derechos y libertades que defendemos, sino que consideramos que los derechos y libertades que todo ser humano tiene (véase la Declaración Universal de los Derechos Humanos) la representación obtenida como beneficio para toda la sociedad. PIRATA nunca podrá inhibirse del contacto social. El contacto social es el destino de PIRATA, de su movimiento.
En PIRATA hemos roto la consecución de un programa electoral (traducible económicamente) en la consecución de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como bastión social. El fin último de PIRATA no es estar en el gobierno, solo es una herramienta para conseguir que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se imponga como fin democrático.
Y ello nos ha llevado al primer problema sociológico sin resolver. La distancia con los ciudadanos, su pasividad ante la política. Pretendemos crear una colaboración mutua con el ciudadano (algunos lo llamarán Democracia Directa, otros Democracia Líquida, etc.) y sabemos que debemos traspasar esa barrera con la que nos hemos encontrado para conseguir nuestros objetivos. Ahora empieza nuestra lucha: conseguir que la sociedad se involucre con PIRATA para conseguir los objetivos sociales. PIRATA no pretende gobernar con afán electoral. Sabemos que una de las vertientes posibles de PIRATA es organizar la sociedad (aunque sea fuera de las urnas) para demandar y conseguir una democracia viva en todos sus aspectos y momentos cotidianos de todos los ciudadanos.
Nuestra primera barrera ha sido la falta de motivación interna, en otras organizaciones se suple la falta de motivación con un gran margen de maniobra en la cabeza del partido. En PIRATA el margen de maniobra siempre es la democracia. Por eso nos encontramos en un momento que va a suponer un gran esfuerzo para reactivar PIRATA dentro mismo de PIRATA.
Ahora, estamos invirtiendo el esfuerzo dentro de PIRATA en conseguir que las herramientas democráticas desactiven la inhibición democrática de parte de los afiliados a PIRATA. Para ello, la primera pregunta que nos cabe es: ¿como conseguir que el derecho al no-voto no se convierta en un freno democrático?
El derecho al no-voto es un acto que todo ciudadano debe mantener. Ningún sistema puede anular el derecho al no-voto. Eliminar el derecho al no-voto significa eliminar el derecho a vivir según su conciencia.
PIRATA debe enfocar la solución no en evitar el freno que es el derecho al no-voto, sino en replicar en el sistema el derecho al no-voto como parte integrante y positiva; y de esta forma intentar recibir del ciudadano qué está fallando y qué está perjudicando al sistema, para poder recapacitar en los errores y poder solucionarlos.
Primeramente, cabe establecer que aunque todo falle, el derecho al no-voto ha de ser inalienable, no se puede anular ni castigar el derecho al no-voto.
Como segundo punto de acción cabría la posibilidad de definir en todas las opciones de voto las posibles formas sociales de entender la vida en sociedad. No todos vemos con la misma necesidad actuar en las votaciones, ni tampoco todos vestimos igual, ni tampoco tenemos la misma necesidad de comida, medicinas, arte, etc. Todos somos diferentes. Y esa diferenciación es la unión de todos, el respeto a esa diferenciación es lo que hará que la democracia dentro de PIRATA evolucione positivamente. La atracción de cualquier persona por el derecho al no-voto es parejo a la falta de incentivos sociales en el sistema, conseguir aunar en diferentes visiones de voto dichas precariedades y consecuentemente que se vean reflejadas en movimiento social sería una de las principales tareas para frenar el no-voto en una sociedad democráticamente establecida.
Como tercer punto, cabe destacar que al ser PIRATA un movimiento con un margen íntegramente definido dentro de las variables democráticas, cualquier actuación de los ciudadanos que inhiba el contacto será paradójicamente la muerte social de PIRATA. Visto así quedaría como un tercer punto intentar la re-conexión con el fin social, para volver a recuperar el nexo con el ciudadano.
Insisto en que no es un problema social, ni siquiera del ciudadano, sino de pérdida de contacto entre el movimiento PIRATA y el ciudadano.
Reactivar la conexión social.
Solo hay una forma de reactivar la conexión social: con el contacto social.
Activar de nuevo el contacto social es una de las tareas prioritarias de PIRATA en este momento.
Una vez nos pongamos en contacto nuevamente con la sociedad y consigamos que vuelva a escuchar sus propuestas a través de nuestros canales nos quedará solo verificar que la comunicación se ha restablecido satisfactoriamente. Esto ha der ser a través nuevamente de intercambios de información.
Restablecer el sistema de votación lo más austero posible, aúnar esfuerzos en que el ciudadano se sienta cómodo ejerciendo su derecho al voto, y finalmente, consiguiendo que acepte el diálogo social entre PIRATA y el ciudadano.
Hay democracias en que no ejercer el derecho al voto se considera un ataque a la democracia, y van desde la simple irreverencia de no acatar un derecho irrenunciable, hasta el de perder derechos sociales o multas económicas.
Yo no creo en tales vertientes. El derecho al no-voto es como el derecho a la huelga. Cuando todo falla solo nos queda cruzarnos de brazos, y si quien tiene el control nos criminaliza por actuar de esta forma entonces ya no nos queda ni la libertad para pensar.
Votar o no votar: el mismo derecho
Aquí finaliza, pues, el discurso. Conseguir que el ciudadano vote solo será posible si obtiene con ello una beneficio.
Conseguir que vote sin coacción social, es además, un ejercicio de democracia y tolerancia.
Y acceder a su emisión de voto como una recepción de identidad social es la diferencia entre una democracia viva y una democracia muerta dentro de un gobierno de intolerancia en sus leyes.
Ser receptivo en el voto. Aceptar el voto crítico, aquél que nos indica qué está fallando; aceptar en las votaciones comentarios o quejas. Aceptar el voto positivo, aquél que nos indica que el sistema funciona pero que no tiene ganas de decidir, que apuesta por la continuidad del sistema, con los cambios que los otros ciudadanos libremente deciden.
Internet nos acerca a la individualidad en el conjunto. Aceptar todas las vertientes del voto nos dará la fuerza de poder seguir luchando por la democracia.
:·)
jueves, 23 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No estoy completamente de acuerdo contigo, en mi país, Bélgica, el voto es un derecho y un deber ambos recogidos en la constitución. El deber se considera una marca de respeto a la memoria de todos los que lucharon, perdieron la vida, fueron heridos o vieron sus vidas trastornadas por defender ese DERECHO.
ResponderEliminarRespeto la decisión de tu país, entiendo que es una obligación moral institucionalizada y aceptada. Es lícito.
ResponderEliminarSin embargo, yo opino que el derecho al no-voto como el derecho al no-trabajo son básicos para el ciudadano.
:·) Un saludo.