martes, 1 de marzo de 2011

Leyes y dictaduras

Hoy Pérez Reverte dice: "Otra vez ganan los malos".
Y no le falta razón.
Sin embargo, la realidad es esta, sin más. Somos una joven democracia, tenemos una constitución que nos garantiza derechos básicos e inalienables... aunque solo fictíciamente.
¿Porqué solo fictíciamente?
Para nuestra desgracia: nuestras leyes. Nuestras leyes están instauradas y creadas sobre el derecho romano, aquél que distinguía entre ciudadanos romanos y esclavos y servidumbre (animales sin derechos) como materia prima.
Pero si esto no era suficiente, nuestras leyes vieron la recompensa de renacer bajo la mano del franquismo (mierda: que la memoria para los perdedores no existe), y bajo el franquismo se instruyeron y modelaron para un fin concreto: cuidar a la plebe para no quedarse sin mano de obra, pero quitándoles la base del derecho humano: poder de elección.
Así, aunque la constitución nos diga que tenemos derecho a la libertad de expresión, las leyes no dudarán en matar económicamente a aquellos que osen ir a contrarriente. No me digas que no tengo razón, la #leysinde ya es terror de estado.
Así, aunque la constitución nos diga que tenemos derecho a defendernos, las leyes instauran en los organismos en manos del gobierno (léase seguridad social y hacienda pública que somos todos) las herramientas necesarias para matar económicamente a quien ose ir a contracorriente.

No es necesario escribir un libro entero con dimes y diretes reflexionando sobre ello. Hasta hoy si la seguridad social o la hacienda pública te multaba por "x" razón solo tenías opción a:
Primero: pagar.
Segundo: quejarte.
Tercero: recurrir poniendo la misma cantidad.
Cuarto: esperar media vida.

Y los juicios... son para cuestiones menores, del vulgo, siempre que no tenga que ver con el tesoro público. Porque el tesoro público es sagrado, los gobernantes son dioses. Y a los dioses no hay quien los toque... ni su firmeza, ni su herario.

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