Las fantasías de millones de humanos construyendo un planeta sostenible han terminado. Han pasado más de 60 años desde que la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" fue aprobada por gran parte de los gobernantes del planeta. En ese momento, el panorama era devastador, la cultura de la supervivencia se había convertida en la cultura de la pervivencia; y en gran parte del planeta ganaba la batalla social del individuo contra el poder. Solo quedaba construir un mundo mejor, con las mejores ilusiones, con una "Declaración Universal de los Derechos Humanos".
Sin embargo, los nuevos gobernantes no habían tenido en cuenta un detalle: iban a tener el poder.
Así, en estos 60 años, ha ido creciendo la cultura, con ella ha evolucionado el ser humano, la tecnología, la medicina, las artes... y las personas. Ahora somos libres, aunque tenemos todavía lagunas sociales que mejorar, aún tenemos mentes agresoras, debemos aprender a crear en paz.
Así, en estos 60 años, el poder ha ido creciendo, para ello se ha valido de las ganas de libertad de los seres humanos, los seres humanos han ido creando (y consumiendo) un nuevo futuro.
En este nuevo futuro que tenemos en las manos hay varios factores que desequilibran la balanza entre el poder y los seres humanos:
a. Cualquier ser humano puede acceder a la tecnología y al poder.
b. No hay recursos morales que impidan que el gobierno esté justificado en su injusticia.
Estos dos hechos crean un presente en el cual el fruto de la humanidad lo podrá recoger cualquier ser humano: cualquiera puede ser humano.
Y esto último no es aceptable por quienes tienen 'ahora' el poder. No pueden permitirse dejar el poder en manos de los seres humanos. Para evitarlo tienen que ser dioses y los dioses deben estar por encima de los humanos.
Pero lo dioses no existen, al menos aquí en el planeta tierra, entre nosotros. O eso creo.
La situación del planeta es delicada: el consumo es excesivo, los seres humanos que todavía no han accedido a los derechos humanos es más grande que los que ya han accedido, y finalmente, el planeta es finito.
Además, en esta última década han habido revoluciones silenciosas que han abierto la brecha entre el poder moral y el poder inmoral:
a. Ingeniería genética (coste de su acceso y justificación de su uso).
b. Nano y bio-tecnología (sus beneficios).
La consecución de los objetivos en la ingeniería genética, nanotecnología y biotecnología en diferentes campos de estudio como el genoma humano, los alimentos transgénicos y los nanochips, ha creado una barrera entre la ética y el poder.
El poder tiene en sus manos el control de la vida más allá de las barreras naturales, pero ello es imposible que sea regalado sin más.
La primera "excusa" es la imposibilidad de crear un mundo en el que casi 7.000 millones de seres humanos puedan habitar utilizando el mismo ritmo de consumo de los recursos naturales que existe en el primer mundo.
La segunda "excusa" es que el derecho a ser dios no puede ser regalado. Solo quienes tienen el poder han de poder acceder a dicho derecho.
Pero ambas "excusas" contravienen los derechos humanos. Así que los gobiernos del mundo tienen en su mano la tarea más peligrosa: eliminar los derechos humanos sin que aparentemente se vean perdidos.
Para ello, deben convencer que es imprescindible que los gobiernos controlen la expansión humana para controlar la sobrepoblación del planeta y así evitar el desastre. Pero han llegado tarde, la Evolución demográfica ya se ha invertido, la gran expansión que tuvo en la segunda mitad del siglo XX ya está estancada y empieza la desaceleración.
Perdida esta oportunidad, los gobiernos solo les queda atacar de frente: promulgar leyes anti-individuo por el bien común. Empezar por quitar derechos "supérfluos" puede parecer inócuo, sin embargo sientan las bases para la creación de las clases diferenciando a humanos de dioses. Así la creación de leyes anti-individuo como la #leysinde, ACTA, COICA o HADOPI no son más que el principio del fin de los derechos humanos.
El futuro lo tienen previsto: una clase de gobernantes con control sobre la cultura y el pensamiento, aderezado de una longevidad del doble que la de cualquier ser humano. Los dioses quieren despertar y están impacientes. Y quien quiera unirse: ha de pagar.
domingo, 6 de febrero de 2011
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