Hace unas semanas en una lista de software libre conversábamos de cómo la tecnología ha conseguido eliminar de nosotros el poder de tomar ciertas decisiones, sabiendo además, que hemos llegado a este punto de encuentro sin siquiera habernos preguntado nadie si realmente deseábamos ganar comodidad y perder libertad de movimiento a causa de la tecnología.
Es indudable (y no lo cuestionaré) que prefiero tomar un ibuprofeno y que cese el dolor a vivir desnudo en la montaña y morir a una edad de treinta y pocos. Es un precio que acepto pagar.
Sin embargo en ningún momento he accedido a que sea otra persona quien decida por mí dicho contrato social. Cierto es que delego en unos gobernantes la negociación de mi contrato social, pero no delego ni mi vida, ni mis ilusiones, ni mis derechos, ni mis libertades. Y todo lo que no cedo en el contrato social está implícito en mí por mi cualidad de ser humano. Como todos ustedes.
La tecnología evoluciona con el ser humano, y pese a la tecnología el ser humano continúa siendo humano. Sin embargo, es la tecnología la que nos ha entregado a la gran mayoría el derecho a ser humanos, quitándole a los poderes la libertad de ser dioses y devolviéndonos la libertad de ser humanos.
La tecnología ya nos ofrece la virtualidad en todo su esplendor. Ya tenemos conexión con todo el mundo, podemos saber lo que queramos en el momento en que lo decidamos, podemos decir lo que queramos a todo el mundo en el momento en que lo decidamos. Es más, la tecnología ya nos permite hacerlo siempre, estemos donde estemos. Tenemos telefonía móvil con internet. Además, la tecnología va a dar el gran salto: se llama ipv6. Todas las herramientas tendrán su conexión a internet. Nuestro móvil tendrá una dirección ipv6 que nos permitirá una conexión total. Ello implica que nuestro móvil será nuestra carta de presentación, tendremos nuestra ipv6 para siempre, como el DNI. Y evidentemente, tener una ip fija y conexión a internet implica convertirnos no solo en clientes de internet, sino también en servidores de internet. Cada uno crecerá en internet con su imagen, irá modelando como se presenta al mundo. Igual que vistes unos zapatos o deportivas, un jersey de lana o una chaqueta vaquera, unos pendientes o unos piercings, de igual forma la gente nos verá diferentes al resto, con nuestra personalidad. Nuestro móvil hablará de nosotros, tendremos enlaces a nuestras fotos en nuestro móvil, no será necesario enviarlas a ningún servidor, la gente verá nuestras fotos en nuestro móvil. Tendremos toda la virtualidad dentro del móvil. Aquellos enlaces que nos gusten, esa película que hemos comprado, ese libro que hemos comprado: comprado, comprado, comprado.
Pero los seres humanos no son humanos porque consuman, sino porque comparten. Compartimos nuestras ilusiones, nuestros afectos, nuestros bienes, nuestra comida. Somos seres sociales y compartimos.
Por la misma razón compartimos enlaces, no por lucro, sino por socialización, por formar parte del grupo, por ser un ser: humano.
Sin embargo, la tecnología ha tropezado con una frontera humana: el control del futuro. Hasta hoy el futuro era dependiente de cada ser humano. Todos éramos capaces de decidir el camino a seguir, podíamos elegir comprar o no comprar, teníamos el control de nuestro futuro día a día porque teníamos el control de nuestros ingresos monetarios, en definitiva, de nuestro potencial de compartir.
Ahora las leyes empiezan a cambiar, han dado el paso en que convierten a cada ser humano en peligro en potencia, las leyes nos han convertido en culpables. Hemos llegado a un callejón sin salida, es el momento en que las leyes no respetan ni los derechos Constitucionales ni los Derechos Humanos. Nos vemos obligados a demostrar durante todos los segundos de nuestra existencia que somos inocentes. Y no solo eso, sino que además, el sistema va a poner todas las trabas posibles para que podamos ser inocentes. La razón: un culpable paga su libertad condicional, un inocente no debe nada.
En esta era de internet que nace, la información está haciendo transparente el calado de los gobiernos y las grandes empresas. Ya no son sueños o quimeras, ahora son realidades.
Internet ha nacido demasiado rápidamente, nadie supuso que perderían el control de la información. Los gobiernos mienten, los gobernantes actúan contra el Estado. Esa información debe desaparecer, y para ello no hay nada mejor que echar la culpa a los “enlaces no autorizados”. Hoy son enlaces a películas, desconectarán el enlace. Mañana serán enlaces a personas, desconectarán a la persona. Pasado mañana serán personas, muerte virtual.
Todavía creo en el ser humano, aunque algunos humanos se afanen en robarme mi contrato social.
Todavía creo en la justicia, aunque algunas leyes me conviertan en culpable.
Todavía creo en la tecnología, aunque algunas herramientas me quiten mi privacidad.
Y no por ello dejaré de intentar decidir mi presente y mi futuro, protegerme a mí y a mi entorno, y, buscar soluciones para problemas eternos: el poder.
Sólo hay una solución: entre todos decidimos quién nos controla, pero para ello necesitamos información: y quieren que no la tengamos.
martes, 25 de enero de 2011
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que buen articulo....sin palabras
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